sábado, 18 de diciembre de 2010

la aceleración, y otras causas comunes a sus efectos

Esa tarde se había convertido en noche de repente, sorprendiéndome en medio de mis resoluciones de problemas de dinámica del cuerpo rígido, y causándome una gran frustración al darme cuenta de que en todo un día de ardua dedicación sólo había logrado resolver los primeros tres o cuatro ejercicios de una guía de 23. Y nadie me aseguraba que la resolución fuera acertada.

No sé si esa desilusión fue la causa de mi dolor de cabeza, o más bien fue el factor que hizo que lo notara, el caso es que la sola observación de la hoja plagada de fórmulas empezó a provocarme alergia. Temiendo convertirme en el loco de las integrales, busqué el maravilloso Ingard, Introducción al estudio de la Mecánica, Materia y Ondas, que había quedado sumergido bajo una sumatoria finita de hojas, y cerré sus verdes tapas: siempre me impresionaron los libros que yacen abiertos. ¿Quién te asegura que no pierdan algo de su esencia, como la pierde una frasco de dulce abierto?

En un estado surrealista, o de realidad abstracta, en el que varias veces me he sentido luego de abstraerme en mis estudios por mucho tiempo, bajé al mundo, a despejarme por un momento.

Ya era de noche, y se oía lejano, perdón, yo oía lejano, el ruido de los pocos autos que esa hora aún deambulaban por Libertador. Caminé hacia Cabildo, que ahí sí habría más movimiento, aunque siempre odié las multitudes. Pero algo me llevaba hacia allí.


Y mientras caminaba se me vino a la cabeza una frase que tal vez leí en algún texto del ciclo básico común. El texto hablaba de la probabilidad de que un hecho ocurra, eso lo recuerdo vagamente, y mencionaba algo de que las causas son previas a la consecuencia de cualquier cosa que ocurra; finalmente concluía dejando el fabuloso interrogante de si era posible que una consecuencia ocurriese antes que la causa.


Abstraído como estaba, caminaba mirando el suelo; a veces me sorprendía hablando solo: eso suele ocurrirme cuando la fuerza de mis monólogos internos es demasiado grande.


En un momento alcé la mirada. Inconfundible su figura, eterna su belleza. Ella, tan alta, tan esbelta. Ella. Ella observaba distraídamente una vidriera. Yo la admiraba atentamente. En el momento en que ella giró para verme, yo sentí que iba a desmayarme. Afortunadamente, no lo hice.


-the big bang theory -
Ella habló:


- Ey, ¡a vos te conozco!


Luego de un intercambio de dulces palabras, deambulamos largamente por Cabildo. 

Así de simple empezó todo, una bella historia que más adelante contaré. Lo que nunca sabré es si ella fue la causa o la consecuencia de abandonar mis estudios de física en aquel momento. Por supuesto, tampoco me importa.





miércoles, 11 de agosto de 2010

Ella, en el pueblo




(leer primero Ella)

Si la Ciudad de Buenos Aires es grande, se lo debe en gran medida a los jóvenes de los pequeños pueblos del interior, que año tras año llegan a la Capital a estudiar o, por qué no, a practicar algún deporte en el que se destaquen.

Ella es, sin duda, de aquellas que vienen a hacer grande a la Ciudad en el sentido de que, con su brillantez, inteligencia e incluso belleza, logrará convertirse en una investigadora de la ciencia que nos hará sentir orgullosos al resto de los que amamos la celeste y blanca con sólo tres franjas.

Yo, por mi parte, con todo mi esfuerzo y dedicación, creo que sólo he venido a hacer más grande ha esta ciudad, es decir, generar más amontonamiento donde ya la muchedumbre es insoportable.

Y, a pesar, de tan distintos desenlaces, nuestras vidas estuvieron geográficamente estrechas casi desde el comienzo, sin que pudiésemos siquiera sospechar. Eso es simplemente lo que contaré, luego de este extenso preámbulo.

En El Pueblo la plaza está en el centro. A su alrededor, los edificios administrativos del estado, las escuelas católicas y la Iglesia de los católicos, como si ya desde el principio a los fundadores le hubiese costado diferenciar el divino poder celestial y la sobaranía de la res pública.

La cuestión es que, por su céntrica ubicación, el templo (así se llama el edificio) es un lugar estratégico desde el punto de vista social, al cual mucha gente (la iglesia) acude semanalmente, algunos porque es socialmente recomendable y otros, porque realmente creen el algo. Por un poco de cada cosa me encontraba yo esa tarde de sábado en el templo.

La celebración de la misa había sido esa tarde tediosa, muy tediosa, y yo había puesto mi piloto automático desde el comienzo, y ni me percataba de lo que sucedía alrededor. Hasta el ansiado momento de la comunión, donde la gente abandona sus lugares y se dirige al altar, para recibir el alimento de Dios. Si digo esperado, no me refiero exactamente a mis grandes ansias de recibir el alimento espiritual.

Más bien, confieso, es el único momento en que uno puede regosijarse observando alguna bella dama entre tanto viejerío maquillado. Además, luego de la comunión,y por si ninguna bella dama se ha dejado ver, por lo menos termina la misa, y podemos irnos en paz y dar gracias al Señor.

Lo que nunca sospeché es que iba a tener una razón para hacerlo.
De pronto, un ángel apareció caminando entre la multitud. Era Ella.
Ella. Ella caminaba, con su aire de superioridad, imposible de soslayar. Ella es superior. Cual anécdota de Nuestro Señor, la vi deslizarse por el Mar Rojo, que de otro color no podía ser. La vi resucitar, pero no la vi desaparecer.

No se a dónde se fue. Solo sé que puedo verla, si El de Arriba tiene ganas.

En un 107. Yendo a estudiar.

O en misa.

Quién diría ¿no?















Ella

Podría haberle inventado un nombre, en vistas de que no lo sé, porque jamás se lo pregunté, por que jamás hablé con ella.
Simplemente la vi. En varias ocasiones y un par de situaciones. Ocasiones y situaciones que me permitieron saber tanto de ella que es tal vez inútil hablarle, para preguntarle, por ejemplo, cuál es el nombre de tan bella dama que con tanto porte luce esos orgullosos risos anaranjados.

La llamaré Ella. Es decir:
La llamaré (porque el hombre siempre necesitó darle un nombre a eso que admira) Ella (porque cuando Ella camina dejan de existir todas la otras mujeres a su alrededor).

Cuando la conocí a Ella, todavía era un hombre que giraba en el polo sur.

Estaba en un colectivo, viajando a la facultad. Ella también. Era temprano, y como siempre que es temprano no tenía ganas de ver, mirar, ni escuchar a nadie. Pero ella atrajo mi azul mirada (creo que a esta altura del blog no es necesario decir por qué). La contemplé, entredormido, mientras duraron los 10 minutos del viaje en colectivo. Ella lucía espléndida. Su pelo rojizo y ondulado se despeinaba sin causa aparente, pero con la consecuencia de que nadie podía dejar de mirarla. Su piel blanca estaba llena de pecas rosadas y su pequeña boca le daba a su cara de ángel un aire de ansiedad que sólo yo, y por un instante, observé. Ella, era, sin duda, diferente. No sólo eso: Ella era más que el resto de los mortales.

Me había hipnotizado. Sólo pude mirarla. Ella bajó en la anteúltima parada de Ciudad Estudiantil. El colectivo se convirtió en una pasarela mientras Ella desfilaba por el pasillo central. Su cuerpo esbelto se deslizaba, mientras su mirada distraída no miraba a nadie. Al bajar abrió un paraguas y se escondió debajo de él. Mientras Ella subía las escaleras del edificio facultativo, yo me quedé pensando si era necesario el paraguas: tenía la sensación de que bajo esa fría lluvia invernal, Ella no se mojaría...

Durante todo ese día, en mis clases de Análisis Matemático I, traté de clacular las posibilidades de que un colectivo nos volviera a juntar.

Si llegué a alguna conclusión, creo que ya no me acuerdo.

sábado, 29 de mayo de 2010

la pequeña rubia y sus mensajes


Los interminables festejos del Bicentenario pueden haber dejado muchas moralejas para muchas personas diferentes. Pero a mi sólo me dejaron una resaca de una semana, buenos momentos con amigos y una anécdota que vale la pena contar.




Las selecciones deportivas de nuestro país, las que no son tan populares como las de fúbol o básquet, suelen hacer giras por el país jugando test-matchs internacionales, que sirven tanto para ganar experiencia como para ganar un muy útil dinero en efectivo que estos equipos casi amateur necesitan. Estos equipos, como los clásicos circos, viajan por las rutas llevando su propia cancha, sus jugadores y también al equipo rival, y aterrizan en cualquier ciudad o pueblo dispuesto a pagar los 30 o 40 mil pesos que dicen costar.




Esta es la única forma de que, en mi pequeña ciudad la gente pueda ver un evento deportivo de alto nivel, aunque ese alto nivel no sea más que el que puedan ofrecer una selección sub 18 de vóley campeona de todo y un joven equipo chileno alejado de la elite mundial.




La cuestión es que el gimnasio del CEF del pueblo parecía un estadio mundialista; había gradas atrás de la cancha y sillas en los laterales. El motivo: los 200 años de la gran Nación Argentina.




Pero a pesar del esfuerzo de dos profesores del CEF devenidos en payasos, el público tranquilo de pueblo poco a poco fue perdiendo su fervor inicial y se limitaba a aplaudir en cada punto de un juego que no todos entendían.




Yo estaba sentado al lado de dos amigos, ambos a mi izquierda: Juan Manuel y Lucas.


En un momento la vimos a ella: Marilyn. Sus rubios cabellos de miel sobresalían del resto; su porte era realmente aristocrático, así como sus exquisita campera blanca. Sus adolescentes ojos negros sobresalían por su cuidada tez blanca.




Juan Manuel, cuyo pasado historial amoroso atesoraba una mala experiencia con Marilyn, dijo: "miremos los tres fijamente a Marilyn. Fijate que le va a dar verguenza."




No creí que le fuera a dar verguenza: Marilyn es la hija del hombre cuya familia es la familia más rica de la ciudad, de modo que no sólo debería estar acostumbrada a que la miren, si no que debería serle algo natural.




Sin embargo, para refutar mis hipótesis, Marilyn no podía soportar nuestra triple mirada, y se escondía, a veces, tras su mamá, tras su hermano, fingiendo no importarle nuestra penetrante mirada. Pero, efectivamente, sentía verguenza, o mejor dicho, una verguenza nascisista por ser tan linda.




Mientras el partido de vóley seguía, nosotros seguíamos mirándola. Juan Manuel pidió mi teléfono celular para mandar un mensaje. Debí haber imaginado para qué era, pero la pequeña rubia en efecto me había hipnotizado.




Un tiempo después, el partido había terminado. El resultado era anecdótico (ganó Chile 15 a 11 en el tie-break, por si a alguien le interesa), pero la pequeña rubia seguía dando vueltas en mi cabeza.




Esa noche soñé con ella. Al otro día me despertó ella:




"Quién sos?" decía la pantalla de mi celular. El número: 2487640596. Ni idea quién podía llegar a ser.




"Vos quién sos?", respondí. Aún estaba con dolor de cabeza, me costaba pensar. Resaca le dicen.




"Vos me mandaste ayer. Estas MUY bonita me pusiste. Quién sos?"




Recién ahí me cayó la ficha: ¡Juan Manuel! ¡Para eso me había pedido el celular! ¡Pedazo de boludo!




Decidí no contestar. Tal vez todo pasaría desapercibido; ya demasiados problemas tenía con Mey para seguir sumando más. Pero la pequeña rubia seguía persiguiéndome, con sus mensajes, y en mis pensamientos.


Decidió llamarme, por número restricto. Nunca imaginé que puediera estar tan intrigada. Las primeras veces, hablé, nadie me contestó y corté. Hasta que un mensaje me llegó: "Dale. Quién sos?". Le respondí que no le iba a decir, que olvide todo y que fuera tan amable de no llamar más.


Siguió llamando, y empecé a analizar la posibilidad de decirle quién era y hasta acordar un hipotético encuentro clandestino. Pero mientras tanto decidí mantener la expectativa, generar la mayor intriga posible. Por eso cada vez que llamaba, le hacía escuchar una canción. O el relato de Victor Hugo en EL gol de Maradona. Y a sus mensajes contestaba en inglés.


La pequeña rubia parecía estar perdiendo la paciencia: "este es el último mensaje que te mando si no me decís quién sos". Contesté que se iba a quedar con la intriga entonces.


Pero a los pocos minutos llamó, y dijo con voz desafiente: "cómo arruga la gente, eh!?"


Era eso lo que había estado esperando. Un ataque, para mandar mi contraataque letal. Era el golpe que un boxeador espera para atacar al oponente desestabilizado y derribarlo con su propia fuerza. El tiro cruzado que Federer espera para lanzar su revés ganador. Ella me había desafiado, esperaba que yo me apichone, o tal vez no, era su forma de jugar, provocar. Ahí nomás, lancé.


"Soy el señor gna. Te querés ver conmigo mañana?" Era mi jugada letal. A todo o nada. Si respondía que sí, habría ganado un affair con una pequeña rubia bonita, con la plusvalía de ser una deliciosa niña bien. Si decía que no, le pondría "cómo arruga le gente eh?!", y le daría una lección de humildad y de vida a la orgullosa chica bien. El marxismo llevado a su máximo extremo, la lucha de clases hasta en el amor, el proletario contra el tesoro del empleador, algo histórico, jamás visto, ¡lo que le había faltado a la revolución!


Lo que jamás se me cruzó por la cabeza en que ella nunca iba a contestar. Me quedé toda la noche despierto, esperando una respuesta, pero nada. Llamé mil veces a Movistar quejándome por una supuesta falla en la señal. Mil y una veces me dijeron que mi teléfono funcionaba de la mil maravillas.


Nunca se me ocurrió esa opción. Había perdido, no por KO, pero por puntos. Ella jugó más inteligente que yo.


A mí, me quedó guardada en la carpeta de borradores un frase que nunca le enviaré:


"You said that if I didn´t tell who I was, you weren´t going to answer any more. Well... It was when I told you when you stopped answering..."

("vos dijiste que si no te decía quién era no me contestabas más. Pero fue cuando te dije quién era cuando dejaste de hacerlo...")








miércoles, 26 de mayo de 2010

un joven parado en el polo sur


Hay quien dice que una clase de Física es aburrida; es la misma gente que se la pasa Bailando por un Sueño, me animo a asegurar.

Mey, es una persona que encuentra tediosas ambas cosas.Yo no: sólo Bailando.
Para mí la Física es una de las cosas más lindas y que me ha tocado estudiar. Todo es predecible, se puede medir, se puede controlar... pero no por eso termina aburriendo.
Mey tampoco me aburre, pero es muy impredecible, imposible de controlar(se). Mey también es una de las cosas más lindas que me ha tocado.

Esta semana, empezamos en física con un tema nuevo, después del parcial de la semana pasada. No me fue mal, la estoy recursando.



Esta semana empezamos con Mey, de nuevo. Después de la pelea del fin de semana. No nos va mal, podría irnos peor. Ella no había querido salir, yo sí quería. Yo desconfiaba; discutimos, y nos fue mal. Hoy nos estamos reconciliando.


El lunes, en física, empezamos descubrir el Movimiento Circular, con sus aceleraciones y todo. El profe dio un ejemplo muy metafórico: nos habló de la Tierra, que hace un movimiento circular.


Hace dos semanas, desubrí a Mey planeando verse con su ex amante. No le dije nada. Él tambien hace un movimiento circular, alrededor de ella.


Hoy en Física seguimos con el moviemiento circular. El profe dijo que hay dos velocidades en un Movimiento Circular: la angular y la tangencial. "La angular es igual para todos los habitantes de la Tierra. En Cambio la tangencial no..."


Hace siete semanas seguíamos distanciados con Mey. Ella negaba todo. Había dos cosas que le molestaban de mi: que fuera tan celoso y que no confiara en ella. "Que seas tan celoso vaya y pase. Pero que no confíes en mí, no". Yo ya había instalado un spyware en mi computadora.


Hoy, el profe de física:

"...la velocidad tangencial depende de dónde uno esté parado. Si uno está parado en el Ecuador, la velocidad es mayor"


Hace seis semanas. Yo:

"el golpe que podés darte al saber que sos cornudo depende de dónde uno esta parado. Si está parado en la calle, a metros de su novia y el amante de su novia, es muy grande. aunque lo que más duele es el corazón"


El profe, hoy:

"...en cambio, si uno se ubica más al sur, en Buenos Aires por ejemplo, la velocidad tangencial es menor, ya que el arco de circunferencia es menor..."


Hace seis semanas, Mey:

"¡Sos un desubicado! Hace tres años que vivís en Buenos Aires y nunca te controlé. ¿¡Y ahora resulta que yo soy la rapidita a la que hay que revisarle los mails y seguirle el rastro...!?"


El profe, hoy llegó tarde, después de un viaje, con un bolso barato a la clase. Y dijo:"... y así, la velocidad disminuye, hasta llegar a los polos..."


Mey, hace 10 meses, llegó de un viaje de egresados, con un amante importado. No dijo nada..."


...allí, si alguien pudiera pararse totalmente inmóvil, en el polo sur por ejemplo, daría una vuelta entera sobre sí mismo cada día, eternamente."


Hace seis semanas yo me enteraba de que Mey tenía un amante importado de un pueblo cercano.


Hoy, yo:"Desde hace seis semanas, siento que estoy parado inmóvil, dando vueltas sobre mí mismo, muerto de frío, como si estuviera parado en el polo sur."

miércoles, 19 de mayo de 2010

Una señora muy vieja con unas patas muy cortas...



Después de almorzar, una débil llovizna nos cenvenció de que lo mejor era tirarse a dormir una siesta.

A las seis de la tarde había llovido tanto que ya no pensábamos en salir. No sólo por las enormes gotas que caían endiabladas, que son inofensivas y hasta divertidas, si no más bien por el pequeño detalle de el rio que corría por donde debía estar la calle. De eso nos dimos cuenta cuando miramos por la ventana del balcón, el agua debía estar llegando el segundo piso y pensamos que teníamos suerte de estar en el sexto.

Creo que fue Mey la que sintió el olor primero, ella para los olores es mejor que yo. Un aroma a escones recien cocidos viajaba, indefectiblemente, desde la cocina de mi departamento. Yo fui a ver qué diablos estaba sucediendo, en parte por las causas caballerescas clásicas, pero más que nada porque Mey acusaba un fuerte dolor y un inexplicable crecimiento abdominal. Tuve que acercarme bastante, la lluvia y el invierno habían oscurecido todo, para ver una bandeja llena de escones, aun calientes, en la mesada. Al lado había un mate cebado.

Mey gritó algo asustada que su vientre crecía. Yo pensé "me está tomando el pelo, mejor me tomo el mate". Cuando volví a la habitación, con mates y escones, pude ver que a Mey, semidesnuda acariciando su prominente panza. Sus deslucidas palabras "estoy embarazada", fueron opacadas por un golpeteo. Alguien o algo golpeaba el vidrio del balcón. Me dirigí allí, apesadumbrado. El aire me sonaba viciado. La lluvia no paraba. Sin embargo, no había nadie en mi balcón. Y el agua ya estaba a veinte centímetros del balcón.

Alguien lloraba en la pieza. Era un bebé. El bebé de Mey ya había nacido, y clamaba por atención. Sólo que no vi un bebé junto a Mey; era más bien un nene de seis o siete años comiendo escones. Ya el mate se había enfriado. Y a Mey le molestaba un incesante golpeteo en el vidrio del balcón: Mey para los ruidos es mejor que yo.

Fui a ver qué ocurría. El agua ya llegaba al balcón. Tuve que acercarme bastante para verla. Era una señora, pero era muy vieja y tenía patas muy cortas. Tal vez el agua la había arrastrado hasta mi balcón. La tomé a upa, como a un bebé. La llevé al baño y fui a buscar una toalla a la habitación. El bebé ya era un joven. Mey seguía siendo Mey. El joven acostado junto a ella, acariciaba sus cabellos de miel. Mey me miró, no quería que la molesten. El joven ya acariciaba su piel se papel tissue, sus pechos de algodón. La señora muy vieja, se había cansado de esperar, y con sus piernas muy cortas pasó al lado mío, y fue a acostarse junto a Mey. El joven la abrigaba, ella parecía tener frío vestida sólo con su piel de seda. La señora muy vieja, me llamaba agitando sus patas muy cortas. Yo me acosté, en el diminuto espacio que ella me dejaba. No podía moverme, temía caer y encima el piso se iba llenando poco a poco de agua. Me quedé, quietito, ahí, en mi lugarcito. La señora muy vieja, con sus patas muy cortas, en el medio. Del otro lado, Mey, y su joven joven.

Cuando despertamos, el sol, tenue nos acariciaba. El agua había bajado. Ya no llovía. Del otro lado estaba Mey. El joven joven ya no estaba. Sólo que nunca pude sacarme la sensación de que, entre Mey, su joven joven y yo, una señora muy vieja con unas patas muy cortas se había instalado para siempre...